Dentista-paciente. ¿Relación formal o familiar?

El momento de ir al dentista no siempre es fácil para muchos pacientes. Los hay incluso que tienen miedo a la consulta (lo que se conoce como odontofobia) por múltiples razones. Sin embargo, esta situación está cambiando poco a poco, y la relación dentista-paciente se caracteriza cada vez más por un clima de confianza entre ambos.

La clave

Sin duda, lo más importante es mantener esa confianza a lo largo del tiempo. Y el primer paso en la relación dentista-paciente lo tiene que dar el profesional. Al fin y al cabo, no solo es quien debe averiguar qué le ocurre al paciente; también tiene que comunicárselo, ya sea bueno o malo el diagnóstico.

Otra de las claves para el médico está en saber desarrollar una gran capacidad motivadora. Gracias a la motivación, un buen odontólogo logrará que el enfermo se marque una meta, que es curarse, y tenga además una actitud positiva y optimista para alcanzarla.

La primera cita

Ese es el momento en que se inicia la relación dentista-paciente, cuando ambos están cara a cara. En esta primera toma de contacto, el afectado da información sobre los motivos por los que ha acudido a la consulta (dolor al morder, sangrado de las encías, etc).

También le preguntará por sus hábitos de salud y de higiene, tanto bucal como general (si sigue una alimentación adecuada, si se lava los dientes todos los días, si fuma o bebe..). Toda esta información entrará a formar parte del historial del paciente.

De esta forma, el dentista descubre las primeras pistas sobre por qué el enfermo bucal ha llegado a desarrollar esa patología o dolencia.

El diagnóstico

En el momento en que el odontólogo sabe qué es lo que tiene su paciente, se dan dos situaciones en las que tendrá que actuar de forma diferente:

  • Si tiene que dar buenas noticias, es decir, que la dolencia no es grave, el dentista no tiene que hacer un especial esfuerzo motivador. Eso sí, debe dar al enfermo pautas saludables para evitar llegar a males mayores. Su papel, en este caso, debe ser el de una especie de consejero.
  • Si las noticias son malas, la cosa cambia. Anunciar, por ejemplo, un cáncer de boca al paciente no es un trago agradable para un dentista, pero es algo por lo que tiene que pasar. Y es ahí donde debe conjugar la sinceridad que requiere el momento (no hay que mentir al enfermo, aunque la noticia sea muy muy mala), con su capacidad para transmitir un mensaje positivo, para que el paciente se sienta motivado y no se desanime.
  • En otro nivel están las patologías crónicas, como una periodontitis en fase inicial, que implican que el afectado deberá seguir tratamiento de por vida. En estos casos, la relación entre odontólogo y paciente va a ser duradera, por lo que el médico va a tener más oportunidad de desarrollar su capacidad empática y motivadora.

¿Es el dentista tu amigo?

Es posible que acabes desarrollando una amistad con tu odontólogo tras meses (o años) de consultas. Pero no tiene por qué ser así necesariamente. Simplemente puede establecerse una relación dentista-paciente similar a la de un profesor con el alumno. En IGB Dental tenemos claro que, además de odontólogos profesionales, somos personas. Es una máxima que tenemos siempre presente.